Recientemente, adquirí la edición de El perseguidor de Julio Cortázar en una librería de segunda mano. Me llevé una grata sorpresa al descubrir que esta librería era la que solía visitar en mis años de juventud. La edición que compré es un pequeño librito publicado por Alianza Cien (Alianza Editorial) en 1996 y fue impreso en Buenos Aires.
No logré comprender del todo el cuento. La prosa y las referencias al jazz me resultaron un tanto confusas. El relato se centra en los pasajes de un atormentado Johnny Carter, un genio del jazz, y sus conversaciones con su amigo y biógrafo Bruno en París.
A pesar de ser un virtuoso del jazz, Johnny era un ser atormentado, alcohólico y drogadicto. Además, se sentía insatisfecho con su música. Para empeorar las cosas, tenía delirios y obsesiones relacionadas con el tiempo y sus múltiples capas. En este punto, el relato adquiere un tono filosófico mientras Johnny intenta explicar sus apreciaciones utilizando un lenguaje sencillo y de recursos limitados.
El título “El perseguidor” parece hacer referencia a la incansable búsqueda de Johnny por encontrarle sentido a su existencia. Él es el perseguidor.
Bruno logra conocer y entender en cierta medida a Johnny, al punto de cuestionarse su propia realidad, aunque decide omitir esos detalles escabrosos del jazzman en la segunda edición de la biografía para no afectar el mito.
Este es el primer relato que leo de Cortázar, pero estoy seguro de que habrá otros en mi futuro.

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